|
Duda alguna nunca la tuve. El terreno, arado, siempre lo estuvo. Semillas por doquier, volando, libres y sin restricción alguna, con el viento veraniego. Alguna tenía que germinar. Y germinar hizo. Con todo el veneno que solo años… décadas… siglos pueden acumular cuando plantas tanto odio, tanto resentimiento, tanta desinformación, tanto dogma, tanta falsedad, tanto prejuicio, tanto miedo.
Y ocurrió. Hombres abiertamente gays siendo abiertamente atacados, a plena luz pública, frente a numerosas otras personas. Como les digo, nunca fue cuestión de si ocurriría, mas sí de cuándo. Sorprendente no es saber que chicos gays hayan sido agredidos. Tampoco lo es el que hayan sido agredidos por miembros uniformados de la Policía Nacional de Panamá. Sorprendente es todo lo que se desprende de ver muchos otros aspectos relacionados a lo sucedido y la manera como tanto los medios de comunicación como la comunidad gay en sí, y también la comunidad en general, han reaccionado y manejado la situación. Empecemos por los medios de comunicación, al menos los escritos y sus versiones Web, que son a las que tengo acceso, hoy día, por encontrarme fuera del país. Duda ninguna puede haber de que los chicos quienes fueron atacados por los agentes Germán Ramos (cabo primero) y Diomedes Batista (cabo segundo) son gay. Si no, pueden visitar la página Web gay panameña www.farraurbana.com, y lean la versión de ellos de lo que ocurrió. Los chicos quienes fueron atacados, a saber Heslyl Castillo y Jovany Freeman, aunque no les conozco personalmente, son, según entiendo, personajes del mundo de la farándula gay en Panamá. Y, sin embargo, los medios de comunicación impresos (repito, en sus versiones Web, al menos) han olvidado u omitido tan "insignificante" detalle de lo acontecido. Para empezar, la disco de la cual estos chicos salían cuando fueron agredidos es una disco gay, hecho éste que también fue eliminado de los reportajes hechos por los medios. Y luego, si hubiesen sido mujeres, discapacitados, indígenas o personas de la tercera edad, etc. (una larga lista de etcéteras) quienes hubiesen sido agredidos o agredidas, entonces los titulares y reportajes correspondientes (tal y como se espera, se considera apropiado y políticamente correcto hoy día y desde ya hace mucho tiempo, y de no serlo así sería totalmente escandaloso, y secuelas interminables tendría) leerían algo así como: "mujeres son agredidas", o "indígenas agredidos por tal y cual", o "discapacitados (o discapacitadas) son agredidos(as) por policías en uniforme", o "gente mayor agredida por uniformados en estado de embriaguez", etc. (la misma larga lista de etcéteras). Pero, como se trata de chicos gay, o sea (y en términos latinoamericanos), de seres humanos "inferiores" (en todo sentido) al resto de la raza, quienes cumplen con todas sus responsabilidades como ciudadanos del país (pagan impuestos, cumplen las leyes, votan, etc.), pero quienes no gozan de beneficio ni protección alguno como los brindados a los otros grupos que ya he mencionado, pues, entonces, no importa el que ellos, también, pertenezcan a una minoría, la sexual, la cual, aun hoy día, sigue siendo víctima del violentamiento de sus derechos humanos más básicos, y esto sin siquiera el reconocimiento de los mismos por parte de las autoridades, ni de la comunidad en general, ni siquiera de ellas mismas, las minorías sexuales, en sí. Entonces, sí, se convierte en total y absolutamente "insignificante" el hecho de que estos chicos sean gay. Es obvio: aunque todos podamos tener los ojos abiertos, sólo vemos aquello que se nos antoja. O que nos permitan ver, pues bien es sabida la influencia de grupos poderosos en lo que los medios reportan, o no, sobre lo que acontece en nuestro país. Ese es el grado de homofobia que reina en nuestros medios de comunicación y en dichos grupos. Es más fácil ocultar los hechos, ocultar la verdad. Si no hablamos de ella, no existe. Así de sencillo. Sigamos con la comunidad gay. Si se toman el tiempo de leer las reacciones de miembros de la comunidad gay en la página que arriba les menciono, podrán ver que, como normalmente ocurre, nos desbordamos con el típico "en los Estados Unidos habrían ya hecho esto y aquello". O en Canadá. O en Europa. Y no dejan de tener razón. En estos "otros países" ya se hubieran dado multitudinarias manifestaciones por miles (millones a veces) de miembros de las minorías sexuales, de sus familias y amigos, de sus compañeros de trabajo… en fin, de todo el mundo quien, hoy día, ya puede ver más allá de toda esta tiniebla de tonta e injustificable intolerancia. Ya se hubieran armado campañas dirigidas al enjuiciamiento de los policías agresores. Cabezas estarían rodando. El tema estaría en programa tras programa, tanto radial como televisivo, y en reportajes múltiples en los medios impresos y electrónicos, y el sentimiento general sería de total shock por parte de todo el mundo, al pensar que, aún hoy día, en pleno siglo XXI, estas situaciones todavía se den. Y los llamados por "justicia" serían más estridentes que las bocinas que puedan sonar en la Vía España en un viernes de quincena y "décimo" a las 5 de la tarde. Pero, en Panamá, no. Nada de esto se da. Porque Panamá no es uno de esos países como aquellos "otros países". Pero… ¿Por qué no es Panamá como esos "otros países"? La respuesta es bien sencilla: porque nosotros mismos, como comunidad gay/lésbica, no queremos que lo sea. Pues solo somos nosotros mismos, quienes hoy vemos como son nuestros amigos los agredidos (y mañana podríamos ser nosotros mismos),… solo somos nosotros mismos los responsables de hacer que todas esas acciones que se dan en "otros países" también se den en Panamá. ¿O es que pensamos que algún político o la comunidad en general nos va a decir algún día "Vengan y protesten, que ya hemos cambiado nuestro parecer, y ya estamos listos para que demanden lo que se les debe, y ya estamos listos para dárselo"? ¿Cómo creen que se dio Stonewall? ¿Con tarjeta de invitación? Y, sí, muy fácil resulta correr y echarle toda la culpa de la "inacción" a la única asociación gay/lésbica que existe y trabaja en Panamá, la AHMNP. Tal y como lo hacen en el dichoso foro, tal vez el único de su tipo en nuestro país (y por eso es que hago tanta referencia al mismo, pues… ¿dónde más se puede leer a gays hablando "abiertamente" -aunque sea desde el anonimato que brinda el Internet- sobre el sentimiento de dicha comunidad o, al menos, de los pocos que sí dicen algo?). Sí, échales la culpa a ellos. Ellos quienes con tanto esfuerzo propio han logrado lo que ningún otro gay o lesbiana en Panamá se ha atrevido a hacer: pelear, agradézcanlo o no, por todos y cada uno de nosotros y nosotras, la comunidad gay/lésbica de Panamá. ¡Si desean que la AHMNP pueda accionar en situaciones como ésta, la AHMNP necesita del apoyo de ustedes! ¿O es que creen que las asociaciones de discapacitados funcionan sin el apoyo de los discapacitados? ¿O que las organizaciones de las mujeres funcionan sin las mujeres? Etc, etc, etc. Y, en eso, los primeros que deben cooperar con la AHMNP, en estos momentos, son, precisamente, ustedes dos, señores Castillo y Freeman. Si ustedes 2 hacen como todos los demás (pues no es, ni remotamente, la primera vez que gays son agredidos en Panamá por simplemente "ser") y no denuncian los hechos ante todas las instancias correspondientes (y la AHMNP, en este caso, es una de ellas), pues seguiremos en las mismas, y nada cambiará. Ustedes dos tienen el poder de lograr que mucho cambie, ahora y en este momento, en Panamá. Miren el bien que del mal que les ha ocurrido puede salir. Las posibilidades son interminables y muy buenas. Pero nadie puede forzarles a hacer aquello que ustedes no quieran. La decisión, a final de cuentas, es suya nada más. Por último, quisiera entrar un tanto en lo vergonzoso que resulta ver la reacción de la comunidad en general ante lo acontecido. Pero, en esto, no hace falta que yo elabore mucho. Solo hace falta visitar la noticia, tal y como fue reportada por el diario El Siglo. Accedan a su página Web, busquen la edición del día 5 de mayo, y luego busquen la noticia sobre estos sucesos. Acto seguido, vean los "comentarios" al respecto. Y luego ustedes mismos me dirán una historia. Las futuras generaciones se avergonzarán muchísimo de nosotros. El tema tiene muchísimas más aristas, pero por cuestiones de espacio tendré que dejarlo aquí. No, sin embargo, sin dejar en claro que la sociedad, gústele a quien le guste o no, va cambiando en todo el mundo, y no importa que tan radical pueda ser el lugar donde uno viva (sea Suecia o Canadá, o sea Irán o Zimbabwe), la tendencia es la misma: hacia la tolerancia, la aceptación, la inclusión, el respeto y la igualdad. A diverso ritmo, dependiendo del lugar, pero no hay siquiera deidad alguna que lo detenga. Y esto es lo que me da algo de tranquilidad. El autor es activista por los derechos de las minorías sexuales. |