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Ignorancia prejuiciosa PDF Imprimir E-Mail

ImagePrejuicio es el proceso de formar un juicio infundado sobre algo en base a estereotipos, temores, experiencias negativas o generalizaciones.

Ejemplos son el sexismo, racismo, homofobia, clasismo, intolerancia religiosa o regionalismo. Los prejuicios nacen de la ignorancia del hombre, cuando éste es incapaz de ponerse en los zapatos del prójimo y comprender más allá de su limitado círculo de cómoda vivencia en el cual lo desconocido o diferente es endemoniado.

Aunque consideremos nuestros prejuicios como inofensivos, estos tienen consecuencias sociales funestas, como la miseria, hambre, violencia, racismo y hasta la guerra, esclavitud y genocidio.
Desde la infancia en el hogar, la escuela, el trabajo y los medios, se nos lava el cerebro con prejuicios. Los tomamos como propios y los cargamos toda la vida sin nunca someterlos al más mínimo escrutinio. Se defienden estos prejuicios mediante ejemplos aislados y manipulados que carecen de toda evidencia o razonamiento lógico que los sustente.

Aunque consideremos nuestros prejuicios como inofensivos, estos tienen consecuencias sociales funestas, como la miseria, hambre, violencia, racismo y hasta la guerra, esclavitud y genocidio.

Enlisto a continuación algunos de nuestros prejuicios más arraigados:

Se dice que: el negro es perezoso, poco trabajador y ocioso; el indio es mentiroso, traicionero y estafador; el anciano es chinguero y derrochador; el campesino es un borracho que labora poco y ahorra nada; el colonense es holgazán y maleante; el abogado es ladrón, oportunista, coimero y partícipe de negocios turbios; el funcionario es corrupto, botella y no hace nada; el mendigo es drogadicto; el desempleado no tiene trabajo porque no se esfuerza en encontrar uno; la mujer panameña es una plástica, interesada y materialista; el homosexual es una loca inmoral acosadora sexual de hombres; el judío es un empedernido lavador de dinero que desprecia al panameño; el ateo y agnóstico utiliza su creencia para justificar una vida de excesos e inmoralidades; el rabiblanco es un frívolo, superficial y cómodo que vive en el Club Unión; el pobre merece su estado de miseria por no aprovechar las "infinitas oportunidades" que la vida le dio, optando por la cómoda y lucrativa alternativa de mendigar; y el panameño es un juega vivo que siempre opta por el camino fácil obviando consideraciones morales y legales.

¿Y te pregunto, te sientes aludido al escuchar estos prejuicios? ¿Crees en alguno de ellos? Algunos dirán por ignorancia: sí creo en ellos, pero ninguno se refiere a mí. Universalmente aceptan los prejuicios, pero convenientemente nunca los aplican a sí mismos o a quienes conocen.

Los prejuicios son utilizados como apologías de las injusticias sociales, permitiéndonos cómodamente desligarnos de responsabilidad y evitar afrontar las verdaderas raíces de las injusticias. ¿Cómo acabar con la inequidad, marginación y explotación cuando nos escudamos en la ignorancia?

Cuando un prejuicio es identificado como el origen de un problema, nos condenamos a no poder hacer nada, pues supone una causa cultural, genética, "de actitud" o providencial que es inalterable por el hombre. Debemos romper con este pensamiento y aceptar siempre la responsabilidad humana en la creación y potencial solución de las injusticias. No hay mejor manera de superar nuestros prejuicios que teniendo el valor de enfrentarlos y ponerlos a prueba, compenetrándonos con quienes antes juzgábamos y discriminábamos. Venzamos nuestros prejuicios, conozcamos la realidad de las injusticias y luchemos por exterminarlas de una vez por todas.

El autor es licenciado en economía política.

 
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