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La cultura de la muerte tiene la edad de la Iglesia PDF Imprimir E-Mail

ImageMi sobrino Carlos me invito a asistir al bautizo de su hijo con el compromiso de que fuese su padrino, evidentemente yo acepte sin pensarlo dos veces.

Soy poco para las misa, porque creo en el verbo y no en el sustantivo; creo en las acciones y no en las palabras amañadas, manipuladas y tergiversadas; creo en la luz divina que ilumina a los de la calle, a los del barrio y no a las grandes mansiones, a los que se sacuden el pecho los domingos, aunque en la semana ellos sacudan el cuerpo a sus trabajadores.

Los obispos predican que la vida es sagrada. Pero lamentablemente prohíben el uso del condón y contribuyen así a la muerte de millones de personas en todo el mundo.
No creo en la luz divina ni en la palabrería de los que aceptan el robo del vaso de leche o el bocado de comida de miles de niños; no creo en los que entregan hostias a los que dejan sin salud y educación a niños, niñas adolescentes y jóvenes; no creo en los que no ven la cultura de la muerte en el hambre, el analfabetismo, el desempleo , la violencia institucional, la violencia callejera, la violencia del olvido, la del engaño, de la mentira, la violencia de la manipulación, de la discriminación; el alto costo de la vida, el aumento en los servicios básicos, el abuso de quienes, vestidos con sotana, también atentan contra niños, niñas, adolescentes y jóvenes.

Dije que soy poco para las misas, pero si estoy en ellas soy respetuoso, eso lo aprendí desde niño en la escuelita Divina Providencia de San Judas.

Realmente me sorprendí con la reflexión que hacia el padre de esta Iglesia (Altagracia), primero hizo lectura casi completa la Conferencia Episcopal, la que me parece ofensiva, inquisidora y arrogante, ¿Desde cuando el pueblo debe aceptar como ley lo que dicen quienes están en palco viendo el sufrir del pueblo humilde?

¿Cuántos de estos arzobispos ven a este pueblo como rebaño pensante?

Siento que muchas veces nos ven como sus fans, como manadas que debemos seguirlos hacia donde ellos se dirigen y aceptar los improperios embadurnados de metáforas y de palabras rebuscadas en la chureca de insultos que almacenan todos ellos para esgrimirlos contra quienes comulgamos con sus planteamientos.
Luego de leer la Carta, el cura dirigio su reflexion hacia algo que ellos han puesto de moda, lo que dicen llamar "La cultura de la muerte" - esto en alusion al caso de la niña de nueve años que fue ultrajada, violada, abusada, por un sujeto en Costa Rica. Según el cura, las llamadas organizaciones de la sociedad civil estan reproduciendo la cultura de la muerte, la aceptan porque avalaron el aborto terapeutico practicado en la niña. Pero lo que me puso los ojos desorbitados fue cuando empezo a hablar del monito que habia mordido aun bebé de nueve meses en el distrito II de Managua y el Ministerio de Salud por norma institucional tenia que proceder a sacrificarlo para examinar tejido y descartar una posible afección de rabia en el animal (todo animal silvestre que provoque lesiones debe ser sacrificado y el mono es un trasmisor de la rabia), el cura decia que se le preguntaba a la gente en la televisión, que pensaban de la suerte del monito y que la gente decia, "pobrecito el animalito lo hubieran, primero, observado mas tiempo", "da las-tima el animal, no habia necesidad de matarlo.

Y aquí esta la manipulación: empezo a decir que todos estamos inmersos en la cultura de la muerte, que el Ministerio de Salud no fue capaz de esperar mas tiempo o trasladar al pobre animal a otro lado, sino que procedio matandolo. Después hizo una conexión macabra, aberrada e intencional de la muerte del monito con el aborto terapeutico practicado a la niña; que la gente en la televisión no se manifesto de la misma forma con el aborto de la niña y que es necesario decir no a la cultura de la muerte.

Hay quienes llevan siglos practicando la cultura de la muerte y muchos matan en nombre de Dios. En el pasado, quienes nos trajeron la cruz asesinaron a miles de indígenas para robarnos nuestro patrimonio y lo hicieron en nombre de Dios. En el siglo pasado hubo padres que bendecian tanquetas, bombas, cuarteles, agencias internacionales, cuya labor principal era seguir fortaleciendo la cultura de la muerte sin importar quienes eran los muertos ni quienes los ponian.

En este siglo nos matan mas sofisticadamente, mas encubiertos, defienden la corrupción y se alimentan de ella; no les importa el hambre, la miseria; ponen oídos sordos a la violencia institucional; no tienen ojos para ver el rostro de los violadores; no tienen voz para defender a los que mueren intoxicados por nemagon; a los buzos de la Costa Atlántica que mueren uno por uno, no son capaces de defender a los electrocutados de Unión FENOSA en Matagalpa; a los niños que mueren de hambre en Carazo y Matagalpa en los tranques. Nunca hemos recibido una carta episcopal defendiendo abiertamente, inquisidoramente y con prepotencia al pueblo contra las alzas; nunca han manifestado el amor a la vida que tanto profanan con hechos tangibles, sencillos, como invitar al pueblo a manifestarse por un concepto de la vida más integral, más sostenible, más humano, más solidario.

Al pueblo católico si nos importa.

¿Y a nuestros obispos?

Los obispos predican que la vida es sagrada. Pero lamentablemente prohíben el uso del condón y contribuyen así a la muerte de millones de personas en todo el mundo.

La mayoría de las católicas y católicos no estamos de acuerdo con esta política. Pero los jerarcas católicos presionan a los gobiernos de muchos países y a los funcionarios de la Naciones Unidas para restringir el acceso al condón y así favorecen la expansión del SIDA.

La prohibición de los obispos al uso del condón en los países en desarrollo, afecta a los más pobres de los pobres. Esta actitud contrasta con la enseñanza histórica de la Iglesia Católica de ayudar a los pobres del mundo.

Cuando ellos logren derrotar la cultura de la muerte que han heredado de siglos, pueden volver a vernos a nosotros y decirnos ¡Aquí esta naciendo una nueva cultura, la cultura del amor de manera franca, acompáñennos! Mientras esto no sucede puedo decir que la cultura de la muerte tiene la misma edad que la Iglesia, es decir nacieron juntas.

 
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