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Los condones de látex usados correcta y sistemáticamente son seguros para prevenir los embarazos no deseados y la infección causada por el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH). Se puede esgrimir razones morales o religiosas para desalentar su uso, pero todas las evidencias científicas es que los condones son efectivos y salvan vidas.
Numerosos estudios realizados por instituciones de prestigio, han demostrado que la membrana intacta de un condón de látex, no puede ser atravesada por el VIH, ni ningún otro agente patógeno que produce infecciones de transmisión sexual, incluyendo el virus que produce la hepatitis B, que es cien veces más pequeño que el VIH. Investigaciones llevadas a cabo entre "parejas discordantes" (uno esta infectado y el otro no) han demostrado que cuando éstas usan regular y correctamente los condones en sus relaciones sexuales, no se transmite el VIH, o el porcentaje de transmisión es muy reducido (2%). Lo contrario sucede a las parejas discordantes que no usan el condón de manera regular.
La efectividad del condón, no es 100%, como tampoco lo son el uso del cinturón de seguridad en los vehículos, el casco protector en motociclistas y obreros, ni siquiera la mayoría de las vacunas de la infancia, no obstante, nadie pone en duda el efecto positivo de estos métodos, como medidas de salud pública para salvar vidas. La reducción de las tasas de natalidad en la mayor parte de los países de la región, no son circunstanciales, más bien son el resultado del aumento en el uso de los métodos anticonceptivos, que aunque son condenados por la iglesia, parece ser que hay un pacto de desobediencia, pues estos medios son usados por feligreses de todas las religiones, aun cuando asisten a misa los domingos, se casen o entierren sus muertos con ritos religiosos.
El condón masculino y ahora el femenino, son de los principales métodos de planificación familiar y se ha comprobado que entre los usuarios de este método durante el primer año hay una tasa de fallos de alrededor de un 10%, sin embargo, en el segundo año de uso esta tasa se reduce a un 2%. Por lo que se deriva que muchas de las fallas se deben al uso no sistemático.
Cuando decimos que un 2% de los condones son defectuosos o hay fallas en el usuario, no quiere decir que dos de cada 100 que tengan una relación con exposición al VIH se van a contagiar, puesto que la efectividad de transmisión del virus aun sin protección es de alrededor de 1%. Por tanto, estadísticamente las probabilidades de infección se reducen significativamente cuando se usa el condón, aun considerando el riesgo de que alguno de estos, puede ser defectuoso.
La paradoja del sida, la mayor epidemia de la historia de la humanidad, es que se puede prevenir y se sabe cómo hacerlo. Una de las razones por las cuales sigue la epidemia puede estar en que los mensajes de prevención que estamos emitiendo no pueden ser implementados por una parte importante de la población.
El programa Conjunto para el sida de las Naciones Unidas (Onusida), se inició en el año 1996, y desde sus inicios, ha estado promoviendo la estrategia conocida como ABC, que son las siglas en inglés para abstinencia, fidelidad y condones. No obstante, hay que reconocer que esta estrategia no ha sido del todo efectiva, y una de las razones es que todavía se prioriza más en el AB y menos en el C.
Los jóvenes de hoy te pueden recitar cómo se transmite y cómo no se transmite el virus.
No obstante, la desinformación, los prejuicios, la inequidad y violencia de género, entre otros, limitan la toma de decisiones y el uso del condón en el momento oportuno.
Parece ser que los varones promueven la abstinencia de día, pero practican el sexo sin protección en la noche.
La abstinencia no es efectiva, puesto que no es real, los humanos tenemos relaciones sexuales como impulsos biológicos y la búsqueda del placer. No ha existido nunca especimen humano capaz de experimentar una erección y producir un orgasmo inflamado sólo por la evangélica idea de fecundar a su cónyuge y engordar con nuevos cachorros a la humana grey.
La fidelidad, contrario a la creencia de algunos, no es sinónimo de seguridad y para comprobarlo basta mirar las estadísticas de cientos de miles de mujeres que han sido monógamas, y fieles y que, sin embargo, hoy viven con el VIH, transmitido por sus parejas, muchas de las cuales contrajeron la infección durante el período de la adolescencia. |